Crítica a Wake Up Dead Man: Liberal recalcitrante se topa con Dios
Escribe: Luis Vega
Wake Up Dead Man —ahora deudora de U2— es una mejora con respecto a su antecesora, aunque todavía se queda lejos de la original. Su escenario gótico le añade mucha personalidad. Evoca satisfactoriamente el clásico misterio detectivesco a la vez que se distancia de los entornos ya presentados en la saga. Además, para mi asombro, no es el investigador quien se merece los aplausos, sino el nuevo protagonista, el reverendo Jud, interpretado por Josh O’Connor. Funciona bien como contrapunto al frío pragmatismo del investigador mientras también posee la profundidad para ser fascinante por sí mismo. Jud es el alma de la película. Johnson lo utiliza en aras de un atinado comentario sobre la fe cristiana en tiempos ateos, la responsabilidad en medio de circunstancias opresivas y la expiación de la culpa. Al igual que Glass Onion, Wake Up Dead Man tiene un tufo de moralista de izquierda. La mayoría de sus personajes son caricaturas insípidas, hijos de la vendetta de Johnson contra la derecha tóxica. Un elenco simplón no tendría por qué ser problema en un relato de esta naturaleza —cualquier lector de Agatha Christie seguro concordará—, pero dedicar tanto esfuerzo en defender una agenda política, lastima las pretensiones más serias. Felizmente, Wake Up Dead Man no se contenta con señalar “ricos malos, pobres buenos” como hizo la cinta del 2022, y, en cambio, atina a temas de verdad interesantes.
Si esta película hubiera sido un desastre, habría perdido mi interés en la saga. Por lo contrario, ahora me pregunto cómo será la inevitable continuación. Rian Johnson no se equivoca al hacer que cada aventura de Blanc sea tan diferente; probablemente esto le ayuda a mantenerse interesado en ellas. Para mí, el mayor misterio siempre será qué tan buena es la última entrega. Espero seguir sorprendiéndome gratamente.