Crítica de The Bride! Frankenstein o el Prometeo Millenial

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Escrito por: NTrujillo
Crítica de The Bride! Frankenstein o el Prometeo Millenial

Escribe: Luis Vega

A menudo una obra es como su personaje principal y The Bride! es un ejemplo perfecto de ello. La película de Maggie Gyllenhaal no utiliza la confusión de la "Novia" para desarrollar un tema, sino que hace de la confusión misma su verdadera identidad. Es un batiburrillo de ideas —las hay interesantes, como el arte vuelto herramienta para definirnos y regularnos, pero la mayoría no— en el que ninguna termina imponiéndose. Abarca mucho y aprieta nada, un sinsentido superficial ocasionalmente entretenido.

Para las audiencias modernas, el actor más talentoso es aquel que grita más y "mejor"; solo así me explico la cantidad de elogios que Jessie Buckley recibe. Su actuación kitsch es digna de Adjani en la terrible Possession: a menudo balbucea redundancias, grita incoherencias y se arroja de un lado a otro. Este "comportamiento" se debe al recurso del "fantasma" de Mary Shelley, pero ¿por qué añadir este elemento en primer lugar? Sin duda es la peor de las múltiples decisiones terribles de The Bride! ¿Qué aportó aparte de un metacomentario a medio coser? Los demás personajes, más mesurados en comparación a la protagonista, sufren de otro problema: son olvidables hasta la médula. Mis favoritos fueron la neo doctora Frankenstein y la sagaz detective debido al trabajo de sus intérpretes, no al torpe guion.

The Bride! guarda similitudes conscientes e inconscientes, y ninguna le hace bien. Trata de emular a Bonnie and Clyde (amantes criminales on the run), Joker (la Novia inspirando una ridícula revolución) y, por supuesto, Bride of Frankenstein de James Whale (de aquí sacaron la idea de Mary Shelley zombie, lamentablemente). Y, por pura coincidencia, es muy similar a la reciente Poor Things, película mucho más lograda. Por donde lo veas, The Bride! es desafortunada. Lo único que rescato de su existencia es que, una vez más, evidencia nuestro inagotable interés por la novela de Shelley; su capacidad de asimilar distintas ideas y engendrar nuevas criaturas, algunas más monstruosas que otras.

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