Debate electoral: ningún candidato ganó, perdió el electorado
Escribe: Wilson Aranda Roncal
Las tres primeras fechas del debate electoral mostraron, sin duda, la mediocridad de nuestra clase política. Esa mediocridad que antepuso los insultos y el golpe de efecto antes que exponer propuestas serias para el elector, que ha sido el gran perdedor de este cónclave democrático.
En efecto, aún tenemos en nuestras retinas la intervención de Fernando Olivera Vega, aspirante presidencial del partido Frente de la Esperanza, quien le espetó a César Acuña que lideraba una organización criminal llamada Alianza Para el Progreso (APP) y lo vinculó con la familia Sánchez Paredes, investigada por narcotráfico. En tanto que, al otro integrante de la terna en la que le tocó “debatir”, Wolfgang Grozo (Integridad Democrática), Olivera le recordó presuntos nexos con el corrupto asesor Vladimiro Montesinos.
Los insultos
Hasta el momento (porque faltan aún tres días de debate), ese ha sido el más virulento ataque de un postulante contra sus homólogos. Pero las consecuencias fueron más lejos: Acuña ha formalizado denuncia por difamación y exige 20 millones de soles a Olivera por concepto de reparación civil. Grozo evalúa medida similar. Ahora bien, en reciente visita a Truijillo, a Olivera le tocó probar de su propia medicina, pues el candidato a senador por APP, César Sandoval, irrumpió en un local donde Olivera almorzaba y le gritó a voz en cuello: “drogadicto, delincuente, coquero”. Con ese show le malogró el almuerzo.
Otras “escaramuzas”: Yonhy Lescano (Cooperación Popular) recordándole a López-Chau (Ahora Nación) que estuvo preso por robo y a Carlos Álvarez (País para Todos) que recibió dinero de Montesinos por parodiar a gente de oposición al régimen de Alberto Fujimori; Enrique Valderrama (Partido Aprista) enrostrándole a Mario Vizcarra (Primero Perú) que es digitado por su hermano Martín, el “Lagarto” preso por corrupción; la respuesta de Mario Vizcarra: “Mi hermano puede, claramente, seguir defendiéndose, en cambio su jefe (Alan García) tendremos que llamar a la ouija para que responda sobre las graves acusaciones que él desestimó”.
No quiero abundar más en este tipo de injurias entre candidatos, pero hay una que avergüenza más a quien la lanzó, que a quien estuvo dirigida. Rosario Fernández Bazán (Un Camino Diferente) se dirigió a Keiko Fujimori (Fuerza Popular) y le expresó que ella (Fernández) se separó de su marido por incompatibilidad y no porque el esposo fuera gay. Eso grafica, pues, lo que desde hace tiempo ha ocurrido en nuestro país: la lumpenización de la política. Además, muestra que Rosario Fernández es, realmente, hermana de Arturo Fernández, tristemente célebre alcalde de Trujillo. Los argumentos se rebaten con argumentos, no con insultos, y menos a personas que nada tienen que ver. No me extrañaría que en las tres últimas fechas de debate se insulte a los padres o hijos de los aspirantes.
Asambleísmo
Lamentablemente, el formato de debate del JNE fue más de tipo “asambleísta” que de discusión alturada entre los participantes. Es que no se puede esperar otra cosa con 35 candidatos, la mayoría de los cuales sabe que no pasará la valla electoral y sus organizaciones desaparecerán. En un minuto de exposición y 2 minutos 30 segundos de réplica no se puede esbozar con claridad un diagnóstico de un problema y su solución. Además, debo ser muy crítico con los moderadores Fernando Carvallo y Claudia Chiroque, quienes no llamaron al orden a los postulantes presidenciales ante las invectivas que lanzaban, pese a que ambos advirtieron la prohibición de ataques personales.