El iris de los peruanos, la nueva moneda de cambio: ¿Innovación o peligro disfrazado?
Periodista: Freddy Benites [email protected]
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En un país donde más del 60% de las personas no lee los términos y condiciones de los servicios digitales, según un reciente informe de Ojo Público, la mayoría, tampoco conoce cómo se manejan sus datos personales. En esas circunstancias aparece Worldcoin encontrando terreno fértil para sus propósitos. Esta polémica empresa tecnológica, respaldada por Sam Altman, ofrece hasta S/ 210 soles a cambio del escaneo del iris de los peruanos, prometiendo una revolución digital mediante la creación de un identificador único basado en blockchain.
Largas filas se han visto desde hace unos pocos meses que incursionó esta empresa en nuestro país y hasta el día de hoy sigue expandiéndose en ciudades como Piura, Trujillo y Lima, donde reflejan no solo la atracción económica de esta propuesta, sino también una preocupante ignorancia sobre los riesgos que implica compartir datos biométricos sensibles.
La información biométrica, como el iris, son el nuevo "oro digital", con un valor incalculable en el mercado negro y una vulnerabilidad crítica si no se manejan adecuadamente. La Autoridad Nacional de Protección de Datos Personales (ANPDP), liderada por Juan Carlos Cortez, ha iniciado investigaciones para determinar si Worldcoin cumple con la Ley N° 29733 de Protección de Datos Personales, que exige un consentimiento informado y verificable. Sin embargo, la capacidad de supervisión de la ANPDP sigue siendo limitada, lo que deja a los ciudadanos expuestos a prácticas que, en otros países, como Kenia y España, han sido suspendidas. "El consentimiento informado no significa solo firmar un formulario; implica entender plenamente los riesgos asociados", advierte Cortez, destacando la falta de mecanismos seguros para proteger a los peruanos en el entorno digital.
Mientras tanto, en el reciente ciberataque a Interbank, donde información crítica de miles de clientes fueron robados y publicados en la dark web, según informes de Infobae y Ojo Público; se subraya la fragilidad de la infraestructura tecnológica en nuestro país. Aunque este incidente debería haber servido como una advertencia, su impacto pasó desapercibido en medio de una crisis política y social que acapara la atención nacional. Este silencio masivo contrasta con la urgencia de abordar la vulnerabilidad de los datos personales, especialmente cuando iniciativas como Worldcoin utilizan incentivos económicos para acceder a información biométrica valiosa.
Según Martin Mazza, representante de Tools for Humanity, las imágenes del iris capturadas por los dispositivos de Worldcoin son eliminadas tras generar un código único encriptado, conocido como "código de iris". Este código, asegura Mazza, es completamente disociado de otros datos personales y se almacena de forma segura en servidores. Sin embargo, expertos en ciberseguridad advierten que no existe un sistema infalible. Una vez comprometidos, los datos biométricos, como el iris, no pueden ser reemplazados como una contraseña, lo que los convierte en un blanco atractivo para ciberataques.
En paralelo, el debate global sobre el uso ético de la inteligencia artificial y los datos personales avanza, pero en el Perú aún se encuentra en pañales. Según un informe del Instituto de Democracia y Derechos Humanos PUCP - IDEHPUCP, los esfuerzos del Estado para integrar la IA en la gestión pública han sido limitados, mientras que la regulación de estas tecnologías sigue siendo insuficiente para proteger a los peruanos de posibles prácticas abusivas. Ejemplos globales, como la paralización de GlobalCoin en Kenia y las investigaciones en España, deberían servir como ejemplo para elevar los estándares de seguridad y claridad.
El verdadero problema ya no radica únicamente en las acciones de empresas como Worldcoin, sino en la falta de educación digital y conciencia ciudadana sobre el valor de los datos personales. En el Perú donde la pobreza y la tecnología chocan de frente, los riesgos no son solo individuales, sino de todos los peruanos. La pregunta no es si los ciudadanos entregarán sus datos, sino si comprenderán el precio real de hacerlo. ¿Estamos preparados para enfrentar un futuro donde nuestra identidad sea el bien más codiciado? La respuesta, por ahora, parece ser un inquietante no.